Menuda odisea con las inyecciones.
El primer día que me las puse fue una risa, con Susi y Nacho mirando como tontos cómo me clavaba la aguja: "No sé cómo eres capaz, yo me moriría de miedo", me decía Susi, o "Ten cuidado, no te hagas daño...", me decía papá, mientras sujetaba el algodón con el que me había esterilizado el sitio donde me iba a pinchar.
Al ver a los dos mirando fijamente, me entró la risa y al moverme se movía la aguja y me dolía... Menos mal que el resto de los días, estuvimos papá y yo tranquilos en casa.
Esta mañana he ido a hacerme la ecografía para ver qué tal va todo. Al estar allí sola escuchando a las chicas que ya se conocían, he deseado no volver a verlas en mi vida. Esto es muy duro para nosotros, sobre todo cuando a tu alrededor la gente se embaraza sin problemas.
También hay riesgo de desarrollar demasiados óvulos y nos veríamos obligados a suspender el tratamiento, otro mes. Pero no ha pasado eso, afortunadamente, tenía tres óvulos maduros y listos para inseminar, dos en el lado derecho y uno en el lado izquierdo.
Eso significa que vayan para donde vayan los bichitos de papá, encontrarán algo.
El lunes, tengo que volver a la primera inseminación. Mientras tanto, mañana sábado tengo que pincharme la última inyección, la que romperá el folículo que guarda el óvulo, para que el lunes estén preparados para recibirte.
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